Alejandro Acosta Lillo

Ser Bombero en cualquier parte del mundo es una actividad o profesión de extremo riesgo para quien la ejerce, todos quienes la ejercemos somos consciente de ello como así lo fue Alejandro Acosta Lillo un hombre normal a vista de los demás, pero que a sus 29 años de edad, casado y con 2 hijos le toco escribir una página importante de la historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago y de su amada Séptima Compañía ya que el destino le lo había seleccionado para ser una fuente de inspiración y un faro para sus camaradas de ideal y para lo posteridad, en especial a nosotros.

Alejandro Acosta Lillo fue aceptado como miembro de la Séptima Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago a la edad de 22 años el día 13 de junio de 1913. Desde el comienzo de su vida bomberil se destaca por sus ansias de participar en la forma más activa posible, en su hoja de servicio se destacan los siguientes cargos desempeñados: Sargento Segundo durante los años 1914, 1915 y 1916, recibe premio por 3 años de servicio el año 1916. Ayudante los años 1916, 1917 y 1918. Consejero de Administración el año 1919. Finalmente, el día 8 de diciembre de 1919 es elegido para desempeñar el cargo de Ayudante para el año 1920.

Con Siete años de servicio y siendo Ayudante de Compañía acude el día 07 de enero de 1920 junto a sus camaradas de ideal a un siniestro declarado en el Colegio de los Padres Franceses hoy Sagrados Corazones, ubicado en lo que hoy es Alameda del Libertador Bernardo O´Higgins y Almirante Latorre, siniestro que comenzó alrededor de las 12:25 hrs. El siniestro en cosas de minutos alcanzo proporciones gigantescas debido al tipo de construcción, es considerado uno de los grandes incendios de la Ciudad de Santiago tanto por las pérdidas humanas, por los voluntarios heridos, perdidas de materiales y por la extensión que alcanzo a 4.500 metros cuadrados.

De acuerdo a los informes del Comandante de la época Don Luis Phillips, el fuego era tan intenso que amenazaba con envolver la capilla aledaña al colegio. Por este motivo se le encargo a un grupo de entre 15 y 20 Voluntarios de la Tercera, Séptima, Sexta y Octava Compañías de cubrir el segundo piso por el techo por el lado de calle Almirante Latorre para intentar cortar el fuego. La orden fue cumplida y el trabajo se comenzó a realizar quizás en la parte más comprometida por el fuego. En esa función se estaba cuando de improviso el laboratorio de química del colegio fue alcanzado por el fuego. La situación fue horrible y dantesca, los elementos químicos explotaron y empezaron a arder en forma impresionante. El grupo de 20 Voluntarios que se encontraban trabajando en el lugar fueron envueltos en fracciones de segundo por grandes lenguas de fuego, pese a ello con sus cuerpos cubiertos por las llamas algunos se alcanzaron a deslizar por las escalas de las distintas armadas, mientras los pitones de la planta baja colmaban esfuerzos para aliviar a sus camaradas. Sin embargo, un grupo de bomberos quedo atrapado en el segundo piso sin ningún tipo de acceso al exterior. Alguien de este grupo sugirió cruzar las llamas para alcanzar una ventana para no morir calcinados. Así lo hicieron y con “éxito” si así pudiera llamarse. Los Voluntarios  de las diversas Compañías  que trabajaban arduamente en distintos sectores del lugar vieron con impotencia que en una de las cornisas del techo aparecieron un grupo de Voluntarios con sus cuerpos envueltos en llamas y que se lanzaban al vacío,  esta acción fue realizada por el Voluntario de la Séptima Compañía Don Alejandro Acosta Lillo, el Voluntario de la Tercera Compañía Don Florencio Bahamondes, el Voluntario de la Octava Compañía Don Miguel González y los Auxiliares de la Sexta Compañía Sres. Benigno Martínez, Luis Cornejo y Manuel López

De inmediato los heridos fueron trasladados a la Clínica Alemana, donde se les diagnostico heridas de extrema gravedad. El siniestro termino pasada las doce de la noche, las Compañías se retiraron con la satisfacción del deber cumplido, pero con la preocupación latente de sus hermanos de ideal heridos.

Como trágico balance de este gigantesco incendio, el Voluntario de la Tercera Compañía Don Florencio Bahamondes falleció el día 08 de enero de 1920 y nuestro hermano de ideal Don Alejandro Acosta Lillo fallece el día 15 de enero de 1920 a las 15:30 horas como consecuencia de las múltiples heridas recibidas.

Alejandro Acosta, al momento de su muerte tenía 29 años de edad, dejo una viuda dos pequeños hijos y una inconsolable madre de quien era su sustento.